lunes, 12 de agosto de 2013

PEMEX Y LA REFORMA FISCAL


México es un país importador de gasolinas y productos petroquímicos, a pesar de poseer la materia prima. Entonces, ¿para mejorar el desempeño de Petróleos Mexicanos (Pemex) es necesario cambiar radicalmente el marco normativo a nivel constitucional y privatizar el sector?

Específicamente, Pemex ha sufrido una deficiente política energética y desmantelamiento, a partir de los gobiernos de Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón. Prueba de ello, la excesiva carga fiscal sobre Pemex la han despojado, tanto de la renta petrolera (ingresos por venta del petróleo, menos los gastos de exploración y extracción) como de todo su excedente de explotación. Lo peor es que, por la concentración oligopólica del mercado mundial, sus proyectos de inversión se tienen que financiar con recursos externos, como Proyectos de Inversión con Impacto Diferido en el Gasto Público (Pidiregas) y Contratos de Servicios Múltiples (CSM).

La utilización de la riqueza petrolera como materia prima de exportación, en lugar de recurso para la industria, se impuso como política hacendaria para gravar los ingresos y entregarlos en forma automática a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHyCP) con el objeto de extraer de Pemex no sólo la renta petrolera sino todo el excedente de explotación. Y del lado del gasto, la incorporación del presupuesto de la paraestatal al Presupuesto General de Egresos de la Federación redujo los gastos de inversión y mantenimiento hasta niveles de verdadero peligro.

En la actual discusión de la reforma petrolera, efectivamente hay que revisar las leyes reglamentarias de los artículos 27 y 28 constitucionales para que esta paraestatal y Comisión Federal de Electricidad (CFE), operen con visión de largo plazo y en un sentido que fortalezca la economía nacional.

¿Entonces en dónde está la ineficiencia de Pemex? Además de la política de desindustrialización instrumentada en los últimos sexenios, ésta se demuestra también porque tiene una burocracia que no produce nada y además, se fomenta la corrupción.

De este análisis, se coliga la necesidad de concretar una reforma fiscal que haga más eficiente la recaudación y el gasto público. El país obligatoriamente transitará en el marco de una reforma fiscal que establecerá un esquema que va a elevar los ingresos tributarios no petroleros, a fin de dar suficiencia del gasto público.

Hay que tomar en cuenta, que la situación salarial y laboral del país ha cambiado constantemente, por desgracia no siempre para bien del trabajador. Es importante analizar los testimonios en las calles y en nuestras propias casas.

No sólo se tratar de cobrar mayores impuestos. Recordemos la historia, cuando en Inglaterra en el año 1215, los impuestos altísimos, las represalias contra los que no pagaban y la administración de justicia considerablemente arbitraria, orillaron al rey Juan sin tierra a negociar y a elaborar la Carta Magna. Es decir, te pago más impuestos pero concédeme y garantízame una serie de libertades. Hoy, esto implica que nuestros impuestos recaudados se utilicen con mayor transparencia y para el bienestar de la población.

Ajustar el déficit recaudatorio, mediante el aumento de los impuestos y la base gravable es un grave error, pues propicia mayor precarización del empleo y una espiral de caídas del Producto Interno Bruto (PIB) y del consumo.

En esta lógica neoliberal es erróneo pensar que los impuestos para los ricos no deben ser elevados si se va a promover el crecimiento.

Sin embargo, es indispensable una reforma tributaria que simplifique la recaudación, reduzca el endeudamiento y asegure la sostenibilidad de la deuda pública.

Por ejemplo, México recauda 9.2 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB) por ingresos fiscales, cuando países de América Latina recaudan el 15 por ciento y países pertenecientes  a la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) recaudan aproximadamente el 25 por ciento de su PIB. En México de cada 10 personas que pueden contribuir o participan dentro de la economía, únicamente 4 contribuyen al gasto público, es decir, 6 de cada 10 personas de las que participan en la economía se encuentran totalmente en la informalidad.

Lo mexicanos no tenemos memoria. La reestructuración planteada en Pemex y la eminente reforma fiscal, va a implicar que los trabajadores al final, tengan menos dinero para consumir y vivir. Acaso, ¿desregular, privatizar, reducir salarios, internacionalizar la producción y basar el crecimiento en las exportaciones han resuelto los problemas de México?

Pemex ha sido la gallina de los huevos de oro, ha sido empleada para financiar los abultados sueldos de los funcionarios públicos de alto nivel, los gastos corrientes del gobierno y de su sindicato, los pagos de intereses de operaciones no rentables y hasta fraudulentas como el Instituto para la Protección al Ahorro Bancario (IPAB). Además la división corporativa de Pemex creó una enorme complejidad burocrática que aumentó los costos y contribuyó a que Pemex, como un todo, presente una pérdida contable desde 1998, ¿pero ahora?

Si bien, hay que prestar atención a esquemas de alianzas estratégicas como el de Petrobras, en Brasil no todo es miel sobre hojuelas, pues también hay corrupción y se han presentado denuncias de triangulación de dinero de empresarios, por el cobro de comisiones a la dirección internacional de la empresa, que en su mayor parte han acabado en las arcas del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB).

Reflexión

Pemex, con sus miles de defectos, siempre ha sido una bocanada de oxígeno para el devenir económico del país; una promesa que no se ha cumplido pero que, si logramos atender los rezagos sin abandonar el proyecto de nación, todavía pudiese materializarse.

Como reflexión quiero concluir con esta frase de Martin Luther King: “Nuestra generación no se lamentará tanto de los crímenes de los malvados como del estremecedor silencio de los cobardes”.

 

E-mail: guillermoars@gmail.com

Twitter: @pumamemo

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